Después de la primera semana de juicios sobre el caso de violación del grupo conocido como “la manada”, la noche del 7 de julio de 2016 a una chica de 18 años, son muchos los comentarios y hechos que han levantado ampollas entre muchas personas. Estamos siendo testigos de cómo las instituciones y muchos medios caen sistemáticamente en el error de revictimizar a la propia víctima y de hablar de ella, pretendiendo hacerla culpable, en lugar de centrarse en los violadores que incurrieron en el delito.

Continuamente escuchamos hablar de la víctima, sobre lo que sucedió aquella noche y lo que le ha sucedido hasta el día de hoy. Se habla de cómo iba vestida aquella noche, qué dijo y qué no dijo a sus agresores, cómo respondió en esa situación, qué hizo cuando la dejaron sola. Se habla de la vida que ha llevado la víctima hasta este momento, de sus redes sociales, de cómo se ha mostrado ante el mundo y de cómo, todo ello, ha sido admitido como prueba para los juicios.

Al mismo tiempo, en muchos programas de televisión e incluso informativos, escuchamos discusiones sobre cómo se debe decir “no”, cómo debe ir vestida una mujer que no quiere ser violada, cómo nos afecta el alcohol y nos lleva a hacer (o más bien, sufrir) cosas que no queremos. Nos bombardean con datos estadísticos sobre cómo es la vida después de sufrir una violación: depresión, suicidios, aislamiento… Intentando hacernos creer que con esa estadística no hablan de causalidad.

Lo que muchos nos preguntamos es: ¿cómo es posible que esté sucediendo esto?

En otras entradas hemos hablado acerca de heurísticos y sesgos que utilizamos día a día. En este caso, se pone en marcha un sesgo conocido como ilusión de un mundo justo. Lerner y Miller definieron la ilusión de un mundo justo como la necesidad que tenemos las personas de pensar que cada uno tiene lo que se merece. Caemos en este error porque necesitamos pensar que nuestro entorno físico y social es estable y ordenado, y que con nuestras acciones lo podemos mantener bajo nuestro control.

Sin embargo, por mucho que nos duela, esto no es así. No podemos tenerlo todo bajo control. No siempre “se cosecha lo que se siembra” y el karma no te devuelve lo que das. Aunque gracias a este sesgo, somos capaces de comprometernos con objetivos a largo plazo.

Es muy fácil echar mano a esa ilusión cuando ocurre alguna desgracia, ya que pensar que el mundo es justo nos permite pensar en que esa persona habrá hecho algo para merecer que le ocurra eso y que, como nosotros no lo hemos hecho, estamos salvados de sufrir tal desgracia. De esta forma, pensamos en qué ha llevado a una persona a ser pobre, tener una enfermedad, ser víctima de un accidente de tráfico o de una violación.

Y cuando te preguntas qué habrá hecho la víctima para merecer lo que le pasó, como en el caso de la violación por parte de “la manada”, supongo que solo te queda investigar sobre ello. Pero como ya he dicho, se trata de una ilusión y el buscar la explicación sobre el caso en la víctima no es más que un error.

culpables violación

A esta ilusión de un mundo justo se le suman otros fenómenos, como las soluciones a posteriori. Una vez conocido el caso, pensamos en lo que nosotros podríamos haber hecho en esa situación para solucionarla. Pero, aunque te cueste creerlo, nunca sabrás cómo podrías haber respondido.

Por tanto, quedamos advertidos de esta ilusión de un mundo justo que en tantas ocasiones utilizamos para explicarnos el mundo en el que vivimos y seguir tranquilos. Te propongo que a partir de hoy, intentes tenerlo presente cuando vayas a juzgar cualquier desgracia ajena. Puede que te sorprenda y acabes viendo las cosas de otra manera, tal y como son.

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