Todos hemos oído hablar de la hipnosis. Es un tema recurrente en películas, programas de televisión, espectáculos de magia, ferias, dibujos animados… Ha aparecido en tantos lugares que no es de extrañar que sea algo incomprensible para tantas personas y que algunas la consideren incluso peligrosa. Pero, aunque no lo creas, se ha convertido en una de las técnicas empleadas por la psicología clínica.

Siempre se ha visto la hipnosis como algo mágico, unido a los espectáculos de magos que consiguen que la gente haga, piense o sienta lo que ellos quieren. Esto ha afectado a la idea que se tiene de la hipnosis clínica. No es raro encontrar debates sobre si el efecto que produce es o no real, si es efectiva o si es simple charlatanería.

Lo cierto es que cada vez son más los profesionales de la salud que se fijan en esta técnica y, también son cada vez más los estudios científicos que hablan de su eficacia. Por ello, la hipnosis es ahora una herramienta más en el mundo de la psicología clínica.

Pero sigue habiendo un problema, la desconfianza del paciente y otras personas en la hipnosis. Y es comprensible, ya que es un tema infestado de mitos, alimentados además por “profesionales” de la hipnosis que han exagerado sus efectos y han intentado vender la hipnosis como solución a cualquier tipo de problemas.

Pero ¿qué es la hipnosis?

El primer paso para desmitificar y desmentir los rumores sobre la hipnosis, es saber a qué nos estamos refiriendo con este término. La Sociedad de Hipnosis Psicológica la define como:

“Procedimiento durante el cual un profesional o un investigador del área de la salud sugiere que un cliente, paciente o sujeto experimente cambios en sus sensaciones, percepciones, pensamientos o conductas.”

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En esta definición encontramos la palabra clave, SUGERIR. Porque la hipnosis no es más que la sugestión del paciente. No es magia ni implica más poder que el del propio paciente, que se deja guiar o sugestionar por su terapeuta. Y con esto nos quitamos de encima muchos de los mitos que rodean a la hipnosis. Pero veamos algunos más:

  1. En la hipnosis estamos dormidos o inconscientes. Si esto fuese real, sería imposible que la hipnosis sirviese para algo más que para el simple descanso, ¿no crees? No consiste en dormir y el paciente siempre conserva algún nivel de alerta, ya que está centrado en unas determinadas sensaciones o estímulos a los que el terapeuta le va guiando.
  2. Puedes quedarte atrapado en el estado de hipnosis y no poder volver a salir. Es completamente imposible que esto suceda. En la hipnosis, el paciente dirige su atención hacia unos estímulos concretos. Puede que sea el terapeuta el que diga a qué estímulos debe atender, pero es el paciente voluntariamente el que decide dirigir la atención o no hacia esos estímulos. Por tanto, es también el paciente el que decide cuando comienza y cuando termina el proceso de hipnosis.
  3. Te pueden hipnotizar para que digas o hagas cosas que no quieres. Durante la hipnosis, el terapeuta debe usar esta técnica de una forma responsable y para mejorar el estado del paciente. Además, el paciente acepta o rechaza voluntariamente las sugestiones del hipnotizador, por lo que podría rechazar hacer o decir algo que realmente no quiere. Es cierto que hay casos en los que personas han sido controladas o se les ha hecho ir en contra de su voluntad (por ejemplo, se han visto ejemplos de sectas), pero estos casos no tienen que ver con la hipnosis clínica.
  4. Solo se puede hipnotizar a personas que son mentalmente débiles. Aunque las películas nos vendan la imagen del hipnotizador como un ser poderoso y al hipnotizado como una persona sin voluntad, la realidad no va por ese camino. De hecho, la facilidad para ser hipnotizado no tiene que ver ni con rasgos de personalidad, ni con características como la edad o el sexo (no, las mujeres no son tampoco más fáciles de hipnotizar).
  5. La hipnosis sirve para recordarlo todo. Para empezar, debemos saber que nuestra memoria no guarda los recuerdos de una forma exacta y fiable sobre cómo se dieron, sino que es un proceso mental subjetivo y personal. Por tanto, la hipnosis no podría hacernos recordar de manera exacta un hecho (porque no lo hemos almacenado de esta manera).
  6. La hipnosis es como la relajación. Se toma la hipnosis como una relajación porque se piensa que se debe hacer tumbado o sentado con los ojos cerrados, pero también se pueden dar procesos de sugestión mientras se tiene una conversación con el paciente o mientras este realiza una actividad concreta.
  7. La hipnosis crea dependencia del terapeuta. La hipnosis no hace que el paciente sienta dependencia de su terapeuta, al menos no más que cualquier otra técnica de la psicología. Cuando alguien acude a un psicólogo lo hace en busca de ayuda. El apoyo que siente, la comprensión y la empatía por parte del terapeuta puede generar en el paciente un sentimiento de necesidad y dependencia, pero esto es independiente de las técnicas que el terapeuta emplee durante sus sesiones.
  8. La hipnosis no hace daño a nadie. Se piensa que la hipnosis y cualquier otro tipo de terapia psicológica es inocua para los pacientes, que en ningún caso podríamos hacer daño al paciente. Sin embargo, no olvidemos que los psicólogos tratan con personas vulnerables y con mucho sufrimiento. Si nos ponemos en manos de una persona sin experiencia o formación suficiente para el tratamiento, el paciente puede ver aumentado ese sufrimiento, su culpa y sus problemas. Podríamos decir entonces que la hipnosis no hace daño, pero hacer un mal uso de ella sí que puede hacer mucho daño.

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¿Qué otras cosas te han contado sobre la hipnosis? Pregunta lo que quieras y ¡no te creas todo lo que el cine te cuenta!

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